El taxi la
dirige una vez más al centro. Aún es temprano para una noche de sábado en el
bar, pero siente que valdrá la pena tener ganas de tomarse uno que otro trago
mientras divaga.
La espera del ascensor al séptimo piso solo es parte de su rutina de fin de semana, al igual que el saludo al vigilante y a uno que otro asiduo asistente a dicho lugar. Cruza el umbral de sus anhelos y recorre la sala para decidir el sitio propicio a sentarse hoy, tal vez la única excepción con mención a esta monotonía. Hoy percibe que será provechoso relajarse en una esquina con vista a la plaza de en frente, porque no le estimula ir con los grupos que ya conoce. Espero que su olfato no le pase una mala jugada.
Se anima a pedir un tequila para tomar ventaja de los demás; sin embargo, se toma su tiempo para pensar sobre la jugada que hará esta noche. Sabe que es posible que esta sea otra de esas noches que le cause una decepción más su comportamiento, pero elije arriesgarse y esperar a alguien que le haga olvidar aquel desamor que prefiere no volver a recordar; es consciente que todo esto es como pedirle peras al olmo, pero tiene un encanto que la mayoría admira y ella probablemente lo usa de presentación.
Un par de chicos se sientan junto a la mesa vacía del lado. Paula examina disimuladamente a ambos y espera a que se acomoden para pedirle fuego al más apuesto, ella saca su cajetilla de Lucky y emprende su nueva historia. Ellos no solo le encienden el cigarro, sino también la invitan a sentarse en la misma mesa y por qué no unos vasos de cerveza gratuitos. La conversación fluye, y e l local se va llenando de más gente y buena música. Las canciones hacen que su cuerpo se mueva al ritmo de ellas, por lo que el chico de su interés la invita a bailar. Su sensualidad es captada por el afortunado y sus roces empiezan a alterar los sentidos de aquel chico.
Cuerpos que tratan de entenderse y enredarse con besos que quisieran ser memorables; pero ella comprende una vez más la superficialidad de sus actos y el enigma que cada noche trata de descifrar. No volverá a sentir el aliento de su amado, por más que escarbe en sus recuerdos o inicie momentos como estos, contrastados de colores intensos y salpicados de falsas esperanzas, yo estoy convencida de que siempre obtiene lo que quiere, de que no es hermosa pero por donde va pasan cosas, y que por ahora está mejor pasarla fumando mientras todo sólo transcurre.
La espera del ascensor al séptimo piso solo es parte de su rutina de fin de semana, al igual que el saludo al vigilante y a uno que otro asiduo asistente a dicho lugar. Cruza el umbral de sus anhelos y recorre la sala para decidir el sitio propicio a sentarse hoy, tal vez la única excepción con mención a esta monotonía. Hoy percibe que será provechoso relajarse en una esquina con vista a la plaza de en frente, porque no le estimula ir con los grupos que ya conoce. Espero que su olfato no le pase una mala jugada.
Se anima a pedir un tequila para tomar ventaja de los demás; sin embargo, se toma su tiempo para pensar sobre la jugada que hará esta noche. Sabe que es posible que esta sea otra de esas noches que le cause una decepción más su comportamiento, pero elije arriesgarse y esperar a alguien que le haga olvidar aquel desamor que prefiere no volver a recordar; es consciente que todo esto es como pedirle peras al olmo, pero tiene un encanto que la mayoría admira y ella probablemente lo usa de presentación.
Un par de chicos se sientan junto a la mesa vacía del lado. Paula examina disimuladamente a ambos y espera a que se acomoden para pedirle fuego al más apuesto, ella saca su cajetilla de Lucky y emprende su nueva historia. Ellos no solo le encienden el cigarro, sino también la invitan a sentarse en la misma mesa y por qué no unos vasos de cerveza gratuitos. La conversación fluye, y e l local se va llenando de más gente y buena música. Las canciones hacen que su cuerpo se mueva al ritmo de ellas, por lo que el chico de su interés la invita a bailar. Su sensualidad es captada por el afortunado y sus roces empiezan a alterar los sentidos de aquel chico.
Cuerpos que tratan de entenderse y enredarse con besos que quisieran ser memorables; pero ella comprende una vez más la superficialidad de sus actos y el enigma que cada noche trata de descifrar. No volverá a sentir el aliento de su amado, por más que escarbe en sus recuerdos o inicie momentos como estos, contrastados de colores intensos y salpicados de falsas esperanzas, yo estoy convencida de que siempre obtiene lo que quiere, de que no es hermosa pero por donde va pasan cosas, y que por ahora está mejor pasarla fumando mientras todo sólo transcurre.

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